la MetroGuagua , un acto de fe – Publicado en La Provincia ,sábado 15 de julio 2017

Lo malo de meter la mano en el cajón de los asuntos pendientes de la ciudad mirando al techo, y no mirando el bien de la misma, es que puede que el primer asunto que salga a solucionar sea el último que la ciudad necesita.

El proyecto de la MetroGuagua parece consistir en que, después de que los ciudadanos paguemos 127 millones de euros, suframos cinco años de incómodas obras y ralentice los otros medios de transporte, unir Hoya de la Playa con Manuel Becerra en 35 minutos. Todo ello para paliar un problema, que dicen se nos presentará en el futuro relegando los problemas que verdaderamente tenemos ahora.

Hace unos días, sin tener que pagar ninguno de los gravosos inconvenientes del párrafo anterior, hicimos ese trayecto en día laboral, a las 10:30 de la mañana con la actual línea 12 y lo cubrimos en 36 minutos. Un minuto de diferencia entre el infierno y la calma.

Con tal abrumadora realidad, cualquier gobernante rechazaría el proyecto y, sin hacerlo público, le recomendaría al promotor del mismo que perfeccionara la idea y que ofreciera algo útil para las necesidades nuestra ciudad y según su estructura.

Por otra parte, y asumimos que no es así, tal esperpéntica paradoja, para ojos extraños y con estos parámetros, esta situación entraría en el campo de la estafa.

Las autoridades municipales nos piden un acto de fe que no se merecen con esta idea.

Entre otras cosas, falta información.

Como primera premisa, creemos que ese no es el trayecto adecuado para unir esos dos extremos de la ciudad.

Lo que plantean es una recolectora de gente para un traslado masivo que nadie ha pedido ni apetece y sin embargo imponen.

Si imaginamos que ese trayecto fuera el único posible desde siempre, el público no tardaría en añorar una línea que uniera esos dos puntos en trazo directo por la parte baja de la ciudad, y no obligar al que no quiere, hacer una excursión por zonas que no desea, como Ciudad Jardín, calle Galicia, Mesa y López.

Suponemos que una red eficiente de transporte se identifica por resolver los problemas de los diferentes grupos ciudadanos con la menor perturbación con diferentes líneas. Es, ni más ni menos, lo que tenemos ahora con la actual línea 12 que pretenden suprimir. Un auténtico disparate. Pero como cambio de última hora, parece que no la suprimen, ni ésta ni las otras, sino se complementan en la misma vía estorbándose una a la otra en circulación viaria, semafórica y pasajeros.

En el trazado del recorrido, no nos hablan como quedará el proyecto de recuperación del Guiniguada el cual atraviesa.

No hemos visto ni una infografía de como van a ser estas estaciones subterráneas y la convivencia con ese proyecto del tren en el Parque Santa Catalina y, lo que es más chocante, con el soterramiento del Istmo.

No hemos visto como van a ser esos andenes, su estética, y como van a afectar a las viviendas anexas en donde se instalen.

En su propuesta, distorsionará el carácter secular del Paseo Madrid y Ciudad Jardín. No está claro lo que pretenden en la calle Galicia y sus árboles y menos aún en Mesa y López y su rambla. Pero lo que es peor, relegan necesidades imperiosas de hoy mismo como son, el nudo de Torre Las Palmas, Belén María y Plaza de América, todo ello para evitar un problema que se podría dar en el futuro.

En estas condiciones, de ninguna manera se puede abocar a los ciudadanos a su conformidad en semejante acto de fe.

Y es que el Ayuntamiento de Las Palmas, desde hace algún tiempo, se ha convertido en el paraíso para cualquier vendedor ambulante que toca a su puerta.

 

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